Caracas

Caracas vista desde Los Samanes.

domingo, 19 de octubre de 2014

Jardín botánico, el pulmón ucevista

La Universidad Central de Venezuela es tan completa, tan generosa repartiendo conocimientos y experiencias que además de la Ciudad Universitaria le regala a Caracas, uno de sus pulmones vegetales. Estoy hablando del Jardín Botánico.

Un parque de 70 hectáreas llenas de un verde espléndido durante todo el año. Uno de esos lugares de Caracas visto por muchos y visitado por pocos. Solo una reja lo separa de la autopista y el rumor de los carros puede oirse desde allí, pero no molesta, la verdad, porque la magnificencia de su vegetación es tal que uno se olvida del vecino tráfico.

El Jardín Botánico -abierto en 1958 gracias al trabajo minucioso y profesional del Dr. Tobías Lasser, el horticultor suizo, August Braun y el jardinero Pedro Naspe- es un sitio ideal para pasear, descansar, correr o simplemente caminar contemplando nuestra bella naturaleza. La dimensión de sus árboles asombra, incluso a caraqueños acostumbrados a los árboles del Parque del Este, porque aquí son más altos y más imponentes.

Me llamó mucho la atención que la senda principal esté asfaltada porque en algunos sectores se ve, que el pavimento anterior, constituido por piedras, se encuentra en muy buen estado. Considero un error haber cubierto el pavimento original por asfalto pero sus razones tendrían y espero averiguarlas.



Como todo espacio creado y dedicado a brindar conocimiento tiene un edificio donde se encuentran aulas, archivos, espacios administrativos y un acogedor auditorio. Todo impregnado por el lenguaje del más universal de nuestros arquitectos: Carlos Raúl Villanueva.




Así que te recomiendo lo visites. Es una excelente opción de fin de semana. Eso sí, cero música a todo volumen y demás actividades que perturben la paz de este ecositema constituido por más de 2.500 especies vegetales y quién sabe cuántas animales. La entrada es baratísima: Bs 15 (en este momento 0,15$) y con este ínfimo pago contribuyes a la manutención de un parque digno de ser admirado por propios y extraños.

jueves, 16 de octubre de 2014

¿Debe la arquitectura modificarse por el mercadeo?

Ya hace tiempo que la torre del Banco Provincial -mejor conocida por las siglas de su casa matriz expañola, BBVA- cambió la fachada de su sede principal, o mejor dicho, sus colores, para vestirla con "los colores corporativos".

Aunque en Caracas hay miles de temas más importantes (y en este blog hemos tratado muchos de ellos) llevaba tiempo queriendo abordar este, porque considero que modificar así uno de los edificios más emblemáticos de las última décadas, no debería pasar desapercibido,

Estoy hablando del poco respeto que tienen propietarios, copropietarios, inquilinos y residentes de un edificio, por mantener y conservar el espíritu -por qué no llamarlo así- de las edificaciones que habitan.

Este edificio del que, lamenteblemente, desconozco sus autores, fue objeto de una modificación significativa. Originalmente los elementos que destacaban en sus cuatro fachadas -unos paralelepípedos blancos sobre  fondo oscuro- fueron revestidos totalmente de azul en degradé: el color que identifica a esta institución financiera. Los antepechos de los pisos inferiores también fueron alterados con la misma monocromía.

Mi pregunta es ¿por qué cambiar las fachadas de un edificio para ceñirlo al molde del mercadeo? ¿No es suficiente la profusión de avisos publicitarios; el letrero de la cúspide; los uniformes de los empleados y un largo etcétera, que no voy a enumerar aquí, para que el público identifique "la marca"? ¿Fueron advertidos, consultados, llamados, los arquitectos antes de acometer este cambio radical?

¿Hay antecedentes a esta acción?

Cuando pienso en edificios "corporativos" vienen a mi mente locales comerciales; acaso pequeños edificios que llevan impresos en sus fachadas rótulos, logos, símbolos gráficos propios de una marca, pero en este caso se trata de una torre de 40 pisos cuya impronta era, precisamente, esa volumetría en blanco y negro.

Pienso que si algún día el Banco de Venezuela compra, pongamos por caso, la Torre América (mejor conocida como la mazorca, por sus ventanitas amarillas) y se le ocurre pintarlas todas de rojo ¿qué diría su autor, el arquitecto Carlos Gómez de Llarena? 

El color también es parte de la arquitectura.  No serían iguales las casas de Luis Barragán si en lugar de llevar esa paleta tierra, roja y amarilla fueran azules sus muros.

Ls caraqueños estamos sordos de tanto ruido visual. ¿Puede la "imagen corporativa" deformar la arquitectura? 

Es solo una pregunta.


domingo, 21 de septiembre de 2014

TecnoFIA, un espacio para gozar del #Arte y la #Tecnología


Decir que algo tiene 23 años -ininterrumpidos- en Venezuela es decir mucho. Especialmente, si recordamos que llevamos 16 ¿o 20? de inestabilidad pura y dura.

Pero sí se puede. La #FIA, Feria Iberoamericana de Arte ha podido. 

Así que la próxima semana subirá el telón en el Hotel Tamanaco, para mostrar a todo aquel que le interese el Arte -sí, con mayúsculas- las obras de cientos de artistas representados por 30 galerías de Iberoamérica. Como siempre, habrá espacio para instituciones públicas y privadas y para publicaciones especializadas en este rubro, que nos hace la vida más llevadera a quienes disrutamos sumirgiéndonos en él como espectadores.

Desde esta ventana esperamos con especial atención lo que le traerá FIA Todo terreno. Allí cuando la FIA trasciende los espacios expositivos y se vuelca a la calle para regalarle a los ciudadanos un poco de aire fresco con intervenciones lúdicas en espacios públicos.

También en el recinto ferial se presentará, por tercer año consecutivo #TecnoFIA. Un espacio que vincula las nuevas #Tecnologías y el #Arte. En esta  oportunidad con la obra conjunta de los artistas Cristóbal Mendoza y Annica Cuppetelli. Quienes traen una propuesta audiovisual, interactiva, dinámica, y corpórea: denominada Notional Field (campo nocional), bajo la coordinación de Sonia Aguirre.
 
Aquí les dejo un abreboca pero la idea es acercarse y participar; porque la obra de Cuppetelli y Mendoza te motivará a moverte, a jugar y -por qué no- a bailar para formar parte de ella.

Varios artistas venezolanos  han hecho de la tecnología su aliado. Los más destacados -y conocidos Urbi et Orbi- son Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez. Sin embargo, Patricia Van Dalen, Carlos Zerpabzueta, Elizabeth Cemborain, Arturo Quintero, José Luis García, entre otros, presentarán sus propuestas en varias de las galerías participantes. 



Coordenadas:
Lugar: Hotel Tamanaco Intercontinental
Fecha: Gala Inaugural a beneficio de La Asociación Damas Salesianas: 25/09 7:00pm
Horario: de 2:00pm a 9:00pm (viernes y lunes) y (sábado y domingo) de 11:00am. a 9:00pm.
Entrada: Bs.150 General
Bs. 70 Estudiantes

#NosVemosEnLaFIA

                                                                Obra de Carlos Zerpabzueta












Obra de Elzabeth Cemborain

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Y en Caracas, cuándo cantaremos victoria?

La avenida Victoria fue proyectada y construida con una serie de atributos que hacen de ella una zona grata para caminar y para compartir con los vecinos. Aun hoy -a pesar del deterioro de sus aceras y su edificios- mantiene ese carácter cálido que le imprimieron sus hacedores italianos y que ha perdurado desde la década de los años '40 hasta entrado el siglo XXI.

Muchos de sus edificios tienen 3 o 4 pisos. Los más altos no superan los ocho, y todos ofrecen locales con negocios vecinales volcados hacia la calle; incluso algunos, como las panaderías, cuentan con mesitas adonde van a dar no solo los vecinos de la zona -variopinta comunidad formada por españoles, talianos, portugueses, árabes y sirios- sino muhos caraqueños en busca de sus rincones especiales.

Hace pocos días, fue precisamente un sirio quien me ofreció aceite de oliva extra virgen desde una acera  amoblada solo con la mejor sonrisa mediterránea. ¿Para qué más?

A mí me encantan los edificios de la avenida Victoria. 

Son testigos de una época en la que construir era adentrarse en las formas: unas veces balcones sinuosos rematando prismas esbeltos. Otras,  priva la total simetría de sus fachadas. En todas sus variantes hay un gusto por el ornamento,  un deleite por los detalles que llegan a nuestros días pidiendo a gritos les sea otorgado la restauración que merecen. 

Mosaicos, frisos, cornisas, celosías y bloques calados claman atención y respeto porque son signos de un tiempo que no volverá pero que nos dejó una hermosa huella.

Otro tanto necesitan sus generosas aceras; hoy rotas y desprovistas de iluminación y mobiliario urbano. 

Un pecado mortal en una ciudad como la nuestra que necesita ser caminada. Tomada por los vecinos, disfrutada por los ciudadanos. 

¡Y la avenida Victoria tiene la materia prima para eso!











Así que te recomiendo ir a caminar la avenida Presidente Medina, mejor conocida como avenida Victoria. Tomarte un café al lado de unos italianos; curucutear en el rincón del grano o en el hogar del corcho y luego almorzar una pizza o un falafel -dicen que el que preparan por allá es de los mejores de Caracas-. 


Eso sí, no dejes de mirar hacia el piso. Quizás la rosa de los vientos, bordada en granito blanco y negro, nos marque la V de la Victoria para rescatar del abandono a una de las avenidas más bonitas de Caracas

domingo, 24 de agosto de 2014

Parque del Este, el consentido de Caracas




El lugar más fotografiado de Caracas durante este mes está ubicado en el Parque del Este. No insistan; no lo llamaré “Parque Generalísimo Francisco de Miranda”. El parque Miranda –o lo que queda de él– está ubicado justo al frente; en los pocos espacios que deja libre la cementera instalada allí, contra viento y vecinos, hace ya más de cuatro años. 

Hablo del lugar de Caracas más difundido por las redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram. Se trata del Patio de la cortina de agua, el Patio rojo y el Patio de los azulejos. Conjunto escultórico paisajístico que forma parte del gran proyecto del arquitecto brasileño Roberto Burle Marx (1909-1994), junto a sus colegas venezolanos, Fernando Tábora y John Stoddart. Según una nota de Jorge Hernández, en el diario El Universal, estos patios se construyeron durante los años 1963 y 1964 y fueron inaugurados el 16 de diciembre de 1964. No en 2014. Nadie se llame a engaño.


Esta noticia nos alegra mucho a los que vemos cómo nuestra ciudad y la gran mayoría de sus espacios públicos, están abandonados o muy mal mantenidos. Por eso me sumo a la celebración de ver restauradas estas obras, con algunas salvedades que a continuación enumero.

Lo primero que recalco es que este conjunto paisajístico forma parte del proyecto integral diseñado por Burle Marx y los colaboradores antes mencionados. Lamentablemente, la proliferación de avisos de PDVSA La Estancia lleva a pensar que son ellos los autores. Abruma ver en el sitio gran cantidad de propaganda del ente gubernamental que tal y como reza su página web: “…se ha empeñado en devolver el esplendor y la grandeza al patrimonio artístico y urbano, de excepcional valor para la nación y que ha sufrido los embates del tiempo o del olvido.” Dice devolver esplendor, no crear ni recrear una obra concluida hace 50 años. Por ello creo necesario subrayar la autoría del proyecto y obra Parque del Este.

Por otro lado, a pesar de la belleza rescatada por años de abandono hay detalles inexplicables, difíciles de obviar. En el Patio de los azulejos quedaron varias tuberías a la vista que desmerecen una obra de esta categoría. Aunque estos detalles pasen desapercibidos por el público general, los profesionales responsables de la restauración están obligados a resolverlos con esmero. Me pregunto cómo es posible que con la tecnología de hoy no se haya logrado una mejor solución a este tema.

El Patio de los muros rojos ya había sido modificado hace cuatro años cuando, en lugar del mosaico vitrificado de sus orígenes, fue cubierto con pintura texturizada. Esta decisión no sé si obedece a falta de presupuesto o de producto. Ninguna de las dos es convincente. Kilómetros de mosaico vitrificado fueron usados para componer el mural de Mateo Manaure en la avenida Libertador; obra ejecutada también por PDVSA La Estancia, hace apenas dos años. En cuanto al presupuesto no hay información en la web. En fin, tarea pendiente restaurar el Patio de los muros rojos de acuerdo al proyecto original.

Por supuesto no podemos cerrar esta nota sin recordar que el Parque del Este es una obra integral, que forma parte del patrimonio paisajístico de la humanidad y como tal debe ser tratada. Es indispensable poner atención sobre todas sus instalaciones; caminerías; recintos para los animales y desmontar la tristemente célebre réplica del Leander –totalmente ajena al parque– y por supuesto, desalojar de inmediato la cementera ilegalmente instalada en la cara norte de este espacio público preferido de los caraqueños.

Mientras tanto, apreciemos la belleza límpida de esta obra maestra del paisajismo universal, construida en tiempos en que Caracas era referencia continental de Arquitectura moderna y no la urbe oscura y sucia que ahora tenemos.

¿Ciudadano o analfabeta urbano?



La ciudad tiene su propio alfabeto y comienza con una ancha, iluminada, generosa A de acera. Debe seguirle la B de bancos. No ésos donde se transa con dinero sino aquellos para hacer una pausa en cada C de calle. A partir de este ABC se teje la trama del disfrute y de la seguridad ciudadana. Lamentablemente, en Caracas olvidamos nuestro ABC urbano. Lo perdimos y los ciudadanos no saben leerla. Mucho menos disfrutarla. Por eso la sufren. 


Para hablar de ciudad es indispensable hablar de aceras. Sin aceras no hay ciudad. La acera une los puntos. Propicia el diálogo entre parques y plazas. Acompaña avenidas. Corteja calles. Su carencia o su deterioro causan estragos en los ciudadanos. En la medida que escasean aceras aumentan los vehículos privados. Si a esta ecuación le restamos transporte público el resultado es catastrófico: tráfico e inseguridad vial. Un rompecabezas donde ninguna pieza calza, todas sobran. 

El peatón es el más vulnerable de los ciudadanos. Y en Caracas debe esquivar todo tipo de obstáculos. Unas veces basura. Otras, alcantarillas abiertas. En muchas aceras lidia con hongos de concreto armado que entorpecen la visual y los carros los arrancan de raíz, mostrando sin pudor acero retorcido. A veces nuestro peatón cree que alcanza un respiro, entonces, se le atraviesa un quiosco de periódicos, un buhonero, un tótem de publicidad o un árbol tan espléndido en verdes como renuente al corsé de concreto. Ahora corre un peligro mayor: los motorizados han invadido las aceras. Suben por las rampas para el acceso de personas con movilidad reducida convirtiendo a cualquier peatón en un minusválido. 


El transporte público es vocablo imprescindible para hablar de ciudad. De ciudad verdadera. De ciudad inclusiva. Si aplicamos la máxima “una ciudad próspera es aquella donde los ricos usan transporte público”, la nuestra es muy pobre. Paupérrima y religiosa. Porque en Caracas quien espera un autobús reza. Reza para que no venga tan lleno. Reza para que no lo asalten. Pero sobre todo reza para que llegue. La ruta de nuestros autobuses no la trazan alcaldes ni institutos autónomos sino la adrenalina caribe de un chofer y su sound track reguetonero. Y el Estado, en lugar de poner el acento en el transporte público, subraya el transporte privado en un país donde la gasolina es más barata que el agua. El gobierno otorga créditos para adquirir motos y carros y construye viviendas sin estacionamiento; en un país donde el automóvil no es solo un vehículo de transporte, es un símbolo de estatus. 


Las motos se han multiplicado por miles en una oración que conjuga emprendimiento y delincuencia. Cuándo se convirtieron en transporte escolar? ¿Cuándo en transporte de carga? ¿Qué imperiosa necesidad empuja a una persona a exponer lo más sagrado que tiene —sus hijos— a un peligro sobre dos ruedas? 


Tenemos que reaprender nuestro abecedario urbano. Las aceras son del uso exclusivo de los peatones. Los semáforos no son un insulto, son un acuerdo. El paso cebra no es una grosería sobre el asfalto. La luz de cruce es un dispositivo de aviso, no una súplica, un clamor intermitente para que los motorizados nos permitan cambiar de canal. Tenemos que enseñarles a los padres que los niños no deben ir en moto y que las aceras no son una extensión de la calzada. Necesitamos un alfabeto común. Legible y respetado por todos los ciudadanos. No vocablos aislados. Nos urge un punto y seguido entre las 5 alcaldías; no un punto y aparte. 

Debemos reaprender nuestro abecedario urbano. Nuestra ciudad se ha convertido en una sucesión de X imposibles de despejar.

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