Caracas

Caracas vista desde Los Samanes.

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Y en Caracas, cuándo cantaremos victoria?

La avenida Victoria fue proyectada y construida con una serie de atributos que hacen de ella una zona grata para caminar y para compartir con los vecinos. Aun hoy -a pesar del deterioro de sus aceras y su edificios- mantiene ese carácter cálido que le imprimieron sus hacedores italianos y que ha perdurado desde la década de los años '40 hasta entrado el siglo XXI.

Muchos de sus edificios tienen 3 o 4 pisos. Los más altos no superan los ocho, y todos ofrecen locales con negocios vecinales volcados hacia la calle; incluso algunos, como las panaderías, cuentan con mesitas adonde van a dar no solo los vecinos de la zona -variopinta comunidad formada por españoles, talianos, portugueses, árabes y sirios- sino muhos caraqueños en busca de sus rincones especiales.

Hace pocos días, fue precisamente un sirio quien me ofreció aceite de oliva extra virgen desde una acera  amoblada solo con la mejor sonrisa mediterránea. ¿Para qué más?

A mí me encantan los edificios de la avenida Victoria. 

Son testigos de una época en la que construir era adentrarse en las formas: unas veces balcones sinuosos rematando prismas esbeltos. Otras,  priva la total simetría de sus fachadas. En todas sus variantes hay un gusto por el ornamento,  un deleite por los detalles que llegan a nuestros días pidiendo a gritos les sea otorgado la restauración que merecen. 

Mosaicos, frisos, cornisas, celosías y bloques calados claman atención y respeto porque son signos de un tiempo que no volverá pero que nos dejó una hermosa huella.

Otro tanto necesitan sus generosas aceras; hoy rotas y desprovistas de iluminación y mobiliario urbano. 

Un pecado mortal en una ciudad como la nuestra que necesita ser caminada. Tomada por los vecinos, disfrutada por los ciudadanos. 

¡Y la avenida Victoria tiene la materia prima para eso!











Así que te recomiendo ir a caminar la avenida Presidente Medina, mejor conocida como avenida Victoria. Tomarte un café al lado de unos italianos; curucutear en el rincón del grano o en el hogar del corcho y luego almorzar una pizza o un falafel -dicen que el que preparan por allá es de los mejores de Caracas-. 


Eso sí, no dejes de mirar hacia el piso. Quizás la rosa de los vientos, bordada en granito blanco y negro, nos marque la V de la Victoria para rescatar del abandono a una de las avenidas más bonitas de Caracas

domingo, 24 de agosto de 2014

Parque del Este, el consentido de Caracas




El lugar más fotografiado de Caracas durante este mes está ubicado en el Parque del Este. No insistan; no lo llamaré “Parque Generalísimo Francisco de Miranda”. El parque Miranda –o lo que queda de él– está ubicado justo al frente; en los pocos espacios que deja libre la cementera instalada allí, contra viento y vecinos, hace ya más de cuatro años. 

Hablo del lugar de Caracas más difundido por las redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram. Se trata del Patio de la cortina de agua, el Patio rojo y el Patio de los azulejos. Conjunto escultórico paisajístico que forma parte del gran proyecto del arquitecto brasileño Roberto Burle Marx (1909-1994), junto a sus colegas venezolanos, Fernando Tábora y John Stoddart. Según una nota de Jorge Hernández, en el diario El Universal, estos patios se construyeron durante los años 1963 y 1964 y fueron inaugurados el 16 de diciembre de 1964. No en 2014. Nadie se llame a engaño.


Esta noticia nos alegra mucho a los que vemos cómo nuestra ciudad y la gran mayoría de sus espacios públicos, están abandonados o muy mal mantenidos. Por eso me sumo a la celebración de ver restauradas estas obras, con algunas salvedades que a continuación enumero.

Lo primero que recalco es que este conjunto paisajístico forma parte del proyecto integral diseñado por Burle Marx y los colaboradores antes mencionados. Lamentablemente, la proliferación de avisos de PDVSA La Estancia lleva a pensar que son ellos los autores. Abruma ver en el sitio gran cantidad de propaganda del ente gubernamental que tal y como reza su página web: “…se ha empeñado en devolver el esplendor y la grandeza al patrimonio artístico y urbano, de excepcional valor para la nación y que ha sufrido los embates del tiempo o del olvido.” Dice devolver esplendor, no crear ni recrear una obra concluida hace 50 años. Por ello creo necesario subrayar la autoría del proyecto y obra Parque del Este.

Por otro lado, a pesar de la belleza rescatada por años de abandono hay detalles inexplicables, difíciles de obviar. En el Patio de los azulejos quedaron varias tuberías a la vista que desmerecen una obra de esta categoría. Aunque estos detalles pasen desapercibidos por el público general, los profesionales responsables de la restauración están obligados a resolverlos con esmero. Me pregunto cómo es posible que con la tecnología de hoy no se haya logrado una mejor solución a este tema.

El Patio de los muros rojos ya había sido modificado hace cuatro años cuando, en lugar del mosaico vitrificado de sus orígenes, fue cubierto con pintura texturizada. Esta decisión no sé si obedece a falta de presupuesto o de producto. Ninguna de las dos es convincente. Kilómetros de mosaico vitrificado fueron usados para componer el mural de Mateo Manaure en la avenida Libertador; obra ejecutada también por PDVSA La Estancia, hace apenas dos años. En cuanto al presupuesto no hay información en la web. En fin, tarea pendiente restaurar el Patio de los muros rojos de acuerdo al proyecto original.

Por supuesto no podemos cerrar esta nota sin recordar que el Parque del Este es una obra integral, que forma parte del patrimonio paisajístico de la humanidad y como tal debe ser tratada. Es indispensable poner atención sobre todas sus instalaciones; caminerías; recintos para los animales y desmontar la tristemente célebre réplica del Leander –totalmente ajena al parque– y por supuesto, desalojar de inmediato la cementera ilegalmente instalada en la cara norte de este espacio público preferido de los caraqueños.

Mientras tanto, apreciemos la belleza límpida de esta obra maestra del paisajismo universal, construida en tiempos en que Caracas era referencia continental de Arquitectura moderna y no la urbe oscura y sucia que ahora tenemos.

¿Ciudadano o analfabeta urbano?



La ciudad tiene su propio alfabeto y comienza con una ancha, iluminada, generosa A de acera. Debe seguirle la B de bancos. No ésos donde se transa con dinero sino aquellos para hacer una pausa en cada C de calle. A partir de este ABC se teje la trama del disfrute y de la seguridad ciudadana. Lamentablemente, en Caracas olvidamos nuestro ABC urbano. Lo perdimos y los ciudadanos no saben leerla. Mucho menos disfrutarla. Por eso la sufren. 


Para hablar de ciudad es indispensable hablar de aceras. Sin aceras no hay ciudad. La acera une los puntos. Propicia el diálogo entre parques y plazas. Acompaña avenidas. Corteja calles. Su carencia o su deterioro causan estragos en los ciudadanos. En la medida que escasean aceras aumentan los vehículos privados. Si a esta ecuación le restamos transporte público el resultado es catastrófico: tráfico e inseguridad vial. Un rompecabezas donde ninguna pieza calza, todas sobran. 

El peatón es el más vulnerable de los ciudadanos. Y en Caracas debe esquivar todo tipo de obstáculos. Unas veces basura. Otras, alcantarillas abiertas. En muchas aceras lidia con hongos de concreto armado que entorpecen la visual y los carros los arrancan de raíz, mostrando sin pudor acero retorcido. A veces nuestro peatón cree que alcanza un respiro, entonces, se le atraviesa un quiosco de periódicos, un buhonero, un tótem de publicidad o un árbol tan espléndido en verdes como renuente al corsé de concreto. Ahora corre un peligro mayor: los motorizados han invadido las aceras. Suben por las rampas para el acceso de personas con movilidad reducida convirtiendo a cualquier peatón en un minusválido. 


El transporte público es vocablo imprescindible para hablar de ciudad. De ciudad verdadera. De ciudad inclusiva. Si aplicamos la máxima “una ciudad próspera es aquella donde los ricos usan transporte público”, la nuestra es muy pobre. Paupérrima y religiosa. Porque en Caracas quien espera un autobús reza. Reza para que no venga tan lleno. Reza para que no lo asalten. Pero sobre todo reza para que llegue. La ruta de nuestros autobuses no la trazan alcaldes ni institutos autónomos sino la adrenalina caribe de un chofer y su sound track reguetonero. Y el Estado, en lugar de poner el acento en el transporte público, subraya el transporte privado en un país donde la gasolina es más barata que el agua. El gobierno otorga créditos para adquirir motos y carros y construye viviendas sin estacionamiento; en un país donde el automóvil no es solo un vehículo de transporte, es un símbolo de estatus. 


Las motos se han multiplicado por miles en una oración que conjuga emprendimiento y delincuencia. Cuándo se convirtieron en transporte escolar? ¿Cuándo en transporte de carga? ¿Qué imperiosa necesidad empuja a una persona a exponer lo más sagrado que tiene —sus hijos— a un peligro sobre dos ruedas? 


Tenemos que reaprender nuestro abecedario urbano. Las aceras son del uso exclusivo de los peatones. Los semáforos no son un insulto, son un acuerdo. El paso cebra no es una grosería sobre el asfalto. La luz de cruce es un dispositivo de aviso, no una súplica, un clamor intermitente para que los motorizados nos permitan cambiar de canal. Tenemos que enseñarles a los padres que los niños no deben ir en moto y que las aceras no son una extensión de la calzada. Necesitamos un alfabeto común. Legible y respetado por todos los ciudadanos. No vocablos aislados. Nos urge un punto y seguido entre las 5 alcaldías; no un punto y aparte. 

Debemos reaprender nuestro abecedario urbano. Nuestra ciudad se ha convertido en una sucesión de X imposibles de despejar.

domingo, 6 de julio de 2014

5 de julio

El 5 de julio se conmemora en Venezuela la firma del acta de nuestra independencia. Es una fecha civil, no militar. Está clarísimo. Sin embargo, el ejecutivo nacional se encargó de darle protagonismo a botas y medallas. Ya hemos visto cómo han usado las botas. Las medallas no sabemos en qué guerras ni contra qué enemigos. Pero no es eso de lo que va este post, sino de la celebración que organizó Cultura Chacao con actividades centradas en lo civil, en lo ciudadano; debido a que aquel día los protagonistas de nuestra naciente historia republicana fueron civiles y eso hay que rescatarlo.

Desde muy temprano llegaron a la Plaza Los Palos Grandes muchos niños invitados a pintar su ciudad con la guía amorosa y paciente de La rana encantada y la Ludoteca Los Palos Grandes a través del taller  Coloremas. Poesía documental hecha por niños, celebrando la ciudadanía con artes plásticas y poesía. Mientras unos jugaban, otros disfrutaban de la fuente y sus chorritos.  El dibujo reproducido aquí es de Diego, un niño de 9 años y su visión de Caracas. (Imagen tomada de Facebook).

A las 4 de la tarde se dieron cita  Inés Quintero, Roberto Briceño León y  Leonardo Carvajal, para conversar acerca de los invaluables aportes de Juan Germán Rocio, Arnoldo José Gabaldón y Luis Beltrán Prieto Figueroa en tres universos vitales para la consolidación de  nuestra  República: Política, Salud y Educación, en mayúsculas.

Para cerrar, celebrando la vida al aire libre, Oscar Lucién nos regaló la proyección del documental sobre la vida y obra de Carlos Cruz-Diez, otro venezolano que ha llevado nuestros colores a recorrer el mundo. Como bien dice el crítico Ariel Jiménez: la historia del color en occidente incluye, necesariamente, a Carlos Cruz-Diez.

Que a cada bota le salga un paso ciudadano. A cada medalla, un dibujo celebratorio de nuestra civilidad. A cada fusil un libro. A cada avión un sueño que vuele hasta rescatar nuestra vida civil.
            

lunes, 2 de junio de 2014

No quiero patria, quiero país.

No quiero patria, quiero país.
No quiero verde oliva, quiero verde Ávila.
No quiero trochas, quiero aceras.
No quiero motos, quiero Metro.

No quiero patria, quiero país.
No quiero soldados, quiero ciudadanos.
No quiero aviones, quiero pájaros.
No quiero generales, quiero alcaldes.

No quiero patria, quiero país.
No quiero misiones, quiero gestiones.
No quiero tanques, quiero autobuses.
No quiero gestas, quiero acciones.

No quiero patria, quiero país.
No quiero guerra, quiero paz.
No quiero pueblo, quiero gente.
No quiero colectivos, quiero gremios.

No quiero patria, quiero país.
No quiero comunas, quiero comunidades.
No quiero rejas, quiero setos.
No quiero guerra, Quiero paz.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El demonio de la cara de vidrio

Sin permiso de Eduardo Liendo -uno de nuestros mejores escritores- parafraseo el título de su obra más leída, El mago de la cara de vidrio, para drenar mi rabia sobre lo sucedido en las últimas horas.

No tiene esta rabia nada que ver con el libro mencionado sino con ese objeto del deseo que, en las últimas horas, hemos visto pasar de manos -o debería decir- de anaqueles a manos que no pagaron nada por él.

Debo advertir, mi honestidad lo exige, que detesto la televisión. Hace años que no la veo. En mi casa hubo 2: una frente a la cual pasaba sus horas la muchacha que cuidaba a mi hija; otra de Ale y sus películas. Cuando Ale aprendió a quedarse sola cambié la primera TV  por horas de pintura sobre mis paredes. Adalberto, un cartagenero reilón, que durante años fue mi contratista, salió feliz con aquel artefacto entre sus brazos y yo estrené amarillo chillón sobre mis paredes.

La segunda TV la vendí por muy poco cuando Ale me dijo que no la usaba; Google y Twitter viven en la computadora. Otro mago con cara de vidrio. Así que ahora no tengo ninguna pero pago como si la tuviera porque la operadora de internet no ofrece servicio de wi fi sino amarrado al de TV por cable. Debo ser una caso raro, una venezolana sin televisión pero pago por ella.

¿Pero por qué odio la TV? Porque este artefacto del que millones de venezolanos viven cautivos no los ha enseñado siquiera a hablar. No ocurre lo mismo con quienes invierten esas mismas horas frente a un libro. La letra entra. Al parecer las imágenes no. Y ya dirán los defensores, que los hay por miles,"La TV es para entretener". ¿Y los libros no?

Tantos años de telenovelas, noticieros, series y sábadossensacionales y ese auditorio cautivo sigue presa de la ignorancia.  Pero tengo otras razones: las mejores películas, con grandes  producciones, espléndidos vestuarios, alucinantes locaciones y estimulante música se diluyen en el pequeño formato. No puede la TV con la gran pantalla. La magia de entregarse al cine -sin abrir la nevera, sin atender al timbre ni al teléfono- no le pertenece. La TV no evoca la mano que se desliza temblorosa de una butaca a otra...no alberga lo nervios del primer beso a oscuras... no es cómplice de mariposas quinceañeras revoloteando junto a las cotufas. La TV es burda copia del cine y falsificadora de la realidad. La TV convierte en somnífero la mejor película.

Cansada de series y refritos cinematográficos la TV inventó los reality shows. Esos monstruos para espiar a los que se prestan a semejante escarnio. ¿Quién dijo pudor? ¿Quién vergüenza? Gracias a la TV puedes ver ducharse a tu galán favorito y despertarse desgreñada a la más envidiada de las actrices.

Pero entiendo. La inseguridad nos mantiene encerrados y la TV es buena compañía para muchos.

Esa costumbre tan venezolana de que en cada cuarto hay una TV me espanta. He visitado casas donde esa cuenta se supera porque además hay una en la cocina y otra en el "estudio" o en el "family room". En Venezuela la TV es tan democrática como la arepa; se come tanto en Petare como en La Lagunita. La TV es un objeto de status regido por una regla directamente proporcional: mientras más grande la pantalla más feliz el usuario.

No importa que no haya pan porque la TV garantiza el circo. 

Y de este circo hemos tenido bastante los últimos dos días. El gobierno califica de "usureros" a unos comerciantes que especulan con esos ojetos del deseo. ¡Oh, la TV! Salve Dios a un pueblo que tenga que pagar de más por un objeto tan necesario, tan indispensable, tan insustituible. ¡Que no haya un solo hogar venezolano donde no haya una TV a precio justo! Se dijo partida y quedaron vacíos los anaqueles. Raudas las piernas, prestos los brazos para cargar la bienamada plasma de 50 y dele pulgadas. Robar una tele no es robar es hacer justicia.

No importa la escasez, mucho menos la inseguridad, ni hablar de la falta de valores.

¡Tenemos plasma!

domingo, 27 de octubre de 2013

#NoMásNiñosEnMoto

Apenas los veo aparecer en mi retrovisor tomo la cámara, pero van tan rápido que no puedo fotografiarlos. Tampoco se paran en los semáforos. A veces son tres -papá, mamá y un niño-. A veces cuatro. A la cuenta anterior agrégale otro niño. Cuando el niño va adelante puedo ver su sonrisa de oreja a oreja. La felicidad de ir a la vanguardia de la moto, como si estuvieran manejándola, no les deja pensar en el peligro que corren. Aunque para los niños la palabra peligro no viene sobre dos ruedas y un motor. Menos aún si quien la maneja es su papá. Pobres.

Esta escena ya es recurrente en todas las calles y avenidas de Caracas; especialmente, en las horas próximas a la entrada y salida del colegio. Y cuando digo colegio también digo guardería. O sea, no solo estamos hablando de niños en edad escolar, también de bebés de pecho y pañales a bordo de motocicletas conducidas por quienes tienen la responsabilidad de velar por la  seguridad de sus hijos.

También a eso nos hemos acostumbrado. A que la moto sea transporte  escolar. 

En un país donde la gasolina es regalada (el litro cuesta $ 0,002);el transporte público es insuficiente, impuntual, está mal mantenido, tiene poca cobertura, etc. En una ciudad donde las aceras dan vergüenza y el Metro está saturado tener un carro es también un símbolo de status. Pero si la plata no alcanza para un carro buenas son las motos y se han multiplicado por miles en los últimos años. Para importar motos sí hay dólares, también créditos blandos.

Sin embargo, más allá de estos problemas que nos roban horas de vida en interminables horas de tráfico ¿dónde ha ido a parar el natural sentido de protección hacia los hijos? ¿Qué malvada distorsión hace que un padre y una madre arriesguen así la vida de sus hijos? ¿Dónde están las autoridades que dicen velar por la protección de niños y adolescentes? 

No tengo respuesta para ninguna de estas preguntas y recuerdo, con nostalgia, la vieja conseja de: "el mejor colegio es el que queda más cerca de la casa". 

Pregunto: ¿Aún existen los transportes escolares?

domingo, 20 de octubre de 2013

Biblioteca Simón Rodríguez

La próxima vez que vayas al centro de Caracas, date tiempo para visitar la Biblioteca Simón Rodríguez. Un edificio que representa lo mejor del Art Decó local y destaca por el cuidado en el diseño y la excelente factura de sus detalles. 
Apenas te ubiques en el espacio central -alrededor del cual se distribuyen las salas de lectura y de exposición- sentirás la luz que se derrama desde su techo-vitral con motivos florales y tonos sepia. 

El esmero en la selección de  mármoles viste pisos y paredes. Son hermosísimos los trabajos de herrería, bajo relieves y carpintería donde se repiten motivos geométricos que evocan instrumentos de medición y libros, en alusión al uso original de este edificio, que fue inaugurado en 1938, como sede del Ministerio de Educación. 

Aunque sus fachadas no ofrecen grandes ventanales el arquitecto Guillermo Salas lo dotó de iluminación natural a través del techo de vidrio; un gran vitral que ilumina las escaleras y un pequeño patio interno ubicado hacia el norte. 

Me cautivaron especialmente la fuente de mármol -rodeada de jardineras en el patio interior- y una mínima ventana circular, que a modo de ojo, dirige la vista hacia el reloj de La Catedral de Caracas. Un detalle que nos hizo notar uno de los trabajadores de la biblioteca.


A media  mañana varios caraqueños disfrutaban de la lectura en sus salas bañadas de luz.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Su atención, por favor

Esta imagen -con la imprecisión del lente de un celular- desnuda varios de los dramas caraqueños. Por una parte evidencia cómo nos invade la descontrolada vegetación. El verde selvático se está tragando a Caracas. ¿Cuántos años hace que aquí no hay poda fitosanitaria? 

Luego están los cables...¿En que ciudad de este siglo el tendido eléctrico pende al descuido? Por su cauce azaroso trepa el monte, que también invade la cuneta...

Por último lo más importante: un muchacho desayuna feliz en la parte trasera de una camioneta; montado sobre unas láminas que sobresalen del vehículo. No hay alertas. Ni una trapito rojo anunciando el desborde de la carga. Ni un cinturón improvisado que proteja al pasajero de un frenazo imprevisto, de un choque.

¿Hasta cuándo?

domingo, 25 de agosto de 2013

Por CARACAS, para bien o para mal

Hace casi dos años, Nelson De Freitas -politólogo egresado de la UCV- tuvo un sueño; realizar encuentros donde filósofos, poetas, arquitectos, urbanistas y colegas estudiosos de la política, se reunieran para conversar sobre Caracas. 

Lo sabemos, nuestra ciudad capital es figura y fondo de todo tipo de sentimientos encontrados. Impaciencia ante las horas perdidas en medio del caos vial; maravilla al admirar el paisaje natural que nos rodea -del que es figura protagónica El Ávila, nuestro cerro guardian; impotencia cuando nosotros o nuestros amigos somos víctimas de la delincuencia; tristeza cuando nos enfrentamos a la pobreza; rabia cuando no podemos caminar por las desvencijadas aceras y un sin fin de razones que nos unen y separan de Caracas quedaron plasmadas en clave de crónica, poema y sesudos ensayos. Una muestra variopinta y multicolor porque así somos de Catia a Petare. 

El próximo sábado, rondando las 11 de la mañana -ojo, los caraqueños somos muy impuntuales- será bautizado el libro coral que da vida sobre el papel a todos estos textos paridos a orillas de El Guaire y escuchados a lo largo del año 2011. La palabra de Tulio Hernández -sociólogo y enamorado de Caracas- será la guinda de este multisápido regalo póstumo dedicado a William Niño Araque, quien diera su vida y obra por y para Caracas.

Estoy muy agradecida a Una Sampablera por Caracas de la publicación de mi crónica Tranquila, Caracas.

Los esperamos en la Librería Kalathos, de Los Galpones de Los Chorros para dar fe de cuánto amor sentimos por Caracas.

ELEVADOS: Un problema por arriba, por debajo y a los lados

Ni siquiera los afectos al gobierno dan por buena la construcción de tres nuevos elevados en Caracas. Esto nos da una pauta de cuán malos son. 

Sabido está que vivimos tiempos polarizados.

Decía que leo en un diario oficialista un artículo puro y duro sobre esa aberración urbana, ese engendro vial llamado "elevado" que en los años '70 se presentó como "una solución por arriba a un problema por debajo". Pero a pesar de sonar tan bien -slogan al fin- nos hizo mucho daño. Lo peor es que lo sigue haciendo porque casi 40 años después no solucionan nada sino empeoran todo. Y ahora el gobierno anuncia que pariremos tres. En lugar de desmontar los que existen nos harán tres más. 

A quien no le guste el caldo denle tres tazas. 

Sobran las razones para rechazarlos. Las han expuesto los vecinos de la zona; el alcalde de uno de los municipios afectados; urbanistas, arquitectos, periodistas de ciudad y activistas urbanos. A nadie escuchan.

Vamos por partes.

La primera razón es que cualquier solución en vialidad, léase Sistema circulatorio de una ciudad, debe tomarse en conjunto, o sea, en el todo. Nunca más merecida aquella máxima de que "el todo es más que la suma de las partes" pero mientras sigan pensando y actuando como si Caracas no fuera un todo -coordinado, conectado, armónico- sino la suma de 5 municipios que no se ven ni se hablan aunque se toquen por todos lados, seguiremos como vamos: de mal en peor.

La segunda es tan obvia que espanta. No hay un solo elevado en Caracas que pueda presumir de "fluido". Los carros pasan por arriba y también por debajo ignorando al peatón, al ciclista, a todo aquel que quiere moverse pues. Bajo su sombra se esconden delincuentes, se acumula la basura y no crece la hierba.

Son estructuras de herrajes grotescos y vocación provisional que nacieron mal y envejecen peor. Errores urbanos que cortan las visuales y ensucian el paisaje. Es inaudito. Mientras en otras ciudades se esmeran en generar espacios amables para el peatón aquí osan revivir estos dinosaurios ferrosos. Para más INRI los pintan de amarillo, como si el uso de este color aligerara su presencia pesada y ruinosa, la hiciera más leve, más "elevada", menos agresiva. De esta fiebre amarilla ya hablamos aquí pero no nos cansamos de denunciarla.

Y me pregunto ¿qué hemos hecho los caraqueños para merecer tanta saña.


Fotografías del reportaje de Últimas Noticias: Los elevados de Caracas parecen ranchos viales.

domingo, 4 de agosto de 2013

Entrada peatonal para el CCCT

Nunca es tarde cuando la dicha es buena

Uso este manido refrán para celebrar el acceso peatonal que está estrenando el Centro Ciudad Comercial Tamanaco, mejor conocido como el CCCT. 

Se necesitaron casi 40 años para emprender una tarea que algunos considerábamos indispensable. Pero en Caracas las urgencias peatonales son válidas para unos pocos, entre los que me cuento. La mayoría es feliz sobre cuatro ruedas, aunque éstas se muevan poco por el tráfico en el que sobre-vivimos.

En descargo de los arquitectos de este gran proyecto -con nombre de cacique y forma de pirámide invertida- vale decir que en los años '70 Caracas se ufanaba de seguir siendo la ciudad vehicular que empezó a ser en los '50. El CCCT se diseñó como un centro comercial extraurbano insertado en plena ciudad. El lote donde se ubica está contenido por la autopista del este y el Ciempies, lo cual enfatiza  su vocación vehicular. De hecho, al CCCT solo se podía llegar en carro o a través de una pasarela de concreto que vuela sobre la autopista. Poco después de su inauguración la necesidad de quienes entraban y salían a pié o en transporte público ingenió un acceso pequeño y marginal hacia Chuao, a la vera del Cubo Negro y demás edificios de oficinas de esa zona empresarial de nuestra capital. 

Afortunadamente, esta entrada ha sido rediseñada por el arquitecto Alejandro Borges, quien es también el autor de los nuevos pavimentos en los pasillos internos. Este gesto hacia los miles de ciudadanos que hacen vida y trabajo en el que algún día ostentara el título del "más grande centro comercial de Caracas", se complementa con un mural de bloque calado que matiza el impacto de entrar por un estacionamiento y permite el acceso mediante amplias escaleras y una rampa para discapacitados en granito multicolor.

Celebramos su apertura a la calle y esperamos que sirva de ejemplo a su vecino el Cubo Negro. En este caso los accesos peatonales -que los tiene, y de mucha calidad- no son un problema de diseño sino de gestión. Valga esta foto para ilustrar que hay un estacionamiento de motos donde debería haber espacio para los peatones.

miércoles, 24 de julio de 2013

Adopta un libro


Recientemente tuve ocasión de viajar a España por motivos de trabajo, sin embargo, ese viaje me brindó la oportunidad de pasar un día en Madrid; una ciudad vibrante a la que le debo su crónica. 

Pensando en lo poco conocidos que son la mayoría de nuestros escritores y en lo mucho que leen los españoles, me llevé un libro obsequio de su autor, Rodrigo Blanco Calderón y después de leerlo entre aviones y autobuses lo dejé "abandonado" sobre un banco del Parque El Retiro. Escenario verde y espléndido para entregarse a los placeres de la lectura.

Así puse un granito sobre esa montaña del saber que crece cada vez que alguien lee un libro y lo obsequia. Además, esta acción de dejarle al azar quién será el próximo lector, me parece emocionante. 

Mientras me alejaba del banco de madera donde quedaron Las Rayas vi acercarse a una pareja. Quizás, lo único que ellos sepan de Caracas, es que es peligrosa, o que los caraqueños están divididos. Siendo más optimista quizás hayan oído que tenemos una montaña generosísima a donde van a parar las miradas de azules y rojos, o que el sol no nos abandona ni cuando llueve. Quizás ahora sepan un poco más de Caracas, sus personajes y un mes después hayan devuelto el libro a ese parque o otro de los tantos que circundan Madrid para que Las Rayas encuentren otros ojos y otras vidas.

Cada vez que viajes abandona los libros que te acompañaron de ida y trae otros de vuelta.
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